El estilo gótico nació como una respuesta a la falta de iluminación y a las limitaciones estructurales del estilo románico. Este nuevo lenguaje arquitectónico buscaba llenar los espacios de luz y elevar la mirada hacia lo divino, creando una atmósfera espiritual a través de la verticalidad y la amplitud. Las catedrales góticas se convirtieron en verdaderos experimentos de ingeniería, donde los arbotantes, las bóvedas de crucería y los grandes ventanales con vitrales transformaron la forma de concebir los templos.
En el caso de San Pedro, se aprecia una transición entre las ideas clásicas y las innovaciones posteriores. Su planta simétrica y vocabulario romano evidencian una fuerte influencia del pasado, pero su construcción quedó inconclusa durante años, lo que dio espacio para la búsqueda de nuevas soluciones arquitectónicas. Fue entonces cuando Miguel Ángel, al asumir la dirección del proyecto, propuso una reinterpretación audaz de la cúpula. Su diseño no solo resolvía problemas estructurales, sino que también respondía a la necesidad de iluminación interior. Al elevar la cúpula sobre un sistema de columnas, permitió incorporar ventanas que bañaban el espacio con luz natural, integrando armoniosamente la técnica y la estética.

Este enfoque marcó una evolución hacia una arquitectura más racional, donde la luz se convirtió en un elemento esencial para generar una experiencia espiritual y visual. El paso del gótico al renacimiento y posteriormente al barroco demuestra cómo las ideas arquitectónicas se transforman sin perder el deseo de alcanzar la perfección visual y simbólica.
Más adelante, Gaudí llevó esa búsqueda de luz y expresión a un punto culminante. Aunque no siguió el estilo gótico de manera tradicional, reinterpretó sus fundamentos desde una perspectiva orgánica y natural. En la Sagrada Familia, por ejemplo, se aprecia cómo emplea la luz como un “filtro espiritual”, utilizando aberturas, colores y formas que crean una atmósfera viva dentro del templo. Sus columnas anguladas y de doble giro, inspiradas en la naturaleza, forman un sistema estructural único que se interconecta de manera armónica.
En conjunto, esta evolución desde el gótico hasta la obra de Gaudí muestra cómo la arquitectura ha sido un reflejo de la búsqueda constante del equilibrio entre funcionalidad, espiritualidad y belleza. Cada etapa aportó una nueva visión de cómo la luz, la estructura y la forma pueden dialogar entre sí para crear espacios que inspiran, emocionan y trascienden el tiempo.