domingo, 12 de octubre de 2025

Planicies, Basamientos y Plataformas

A lo largo de la historia, las planicies, los basamentos y las plataformas han sido elementos fundamentales en la arquitectura, no sólo como soportes físicos, sino como símbolos de poder, organización social y relación con el entorno. La elección de ubicar ciudades y templos sobre elevaciones artificiales o naturales revela cómo las sociedades han utilizado la topografía para crear jerarquía, controlar el espacio y expresar su cosmovisión.


En América del Norte, Cahokia Mounds nos muestra una de las aplicaciones más impresionantes de esta estrategia. Esta ciudad precolombina, que alcanzó su apogeo alrededor del año 1100, contaba con aproximadamente 120 montículos de tierra distribuidos sobre 4,000 acres, algunos de ellos construidos como plataformas ceremoniales y residenciales. La disposición de estos basamentos no era arbitraria: reflejaba jerarquías sociales, planificación urbana y un entendimiento profundo de la relación entre elevación y espacio simbólico. La arquitectura de Cahokia nos recuerda que incluso sin materiales duraderos como piedra o ladrillo, la forma y la escala podían comunicar poder, orden y significado espiritual.



Más al sur, Teotihuacan y las ciudades mayas como Tikal adoptaron plataformas y basamentos como base de su monumentalidad. Las pirámides de Teotihuacan, construidas entre el 100 a.C. y 250 d.C., no solo servían de soporte a templos y ceremonias, sino que jerarquizan el paisaje urbano, orientando la ciudad según principios astronómicos y simbólicos. En Tikal, los templos-pirámide, como los conocidos Temple I y II, se elevan sobre amplias plataformas que consolidaron la autoridad política y religiosa de la élite maya, proyectando poder y trascendencia hacia la comunidad y el cielo.



Incluso en contextos más tardíos y lejanos, la Ciudad Prohibida de Beijing reutiliza estos principios: palacios, templos y patios se construyen sobre plataformas elevadas, que separan simbólicamente al emperador y su corte del mundo cotidiano. La elevación física se convierte en metáfora de la jerarquía social y la autoridad política, mientras que la organización de los espacios refleja un control total sobre el entorno y la circulación.



Reflexionando sobre estos ejemplos, es evidente que los basamentos y plataformas no son meros elementos constructivos. Son un lenguaje arquitectónico que comunica ideas sobre poder, religión y cosmología. Elevar una estructura sobre la tierra no solo protege o estabiliza; también ordena la percepción del espacio y establece un diálogo entre lo humano y lo divino, entre lo individual y lo colectivo. Las planicies, por su parte, proporcionan el lienzo sobre el cual estas jerarquías se hacen visibles, demostrando cómo el terreno mismo puede ser protagonista del diseño.


En conclusión, el uso de planicies, basamentos y plataformas en la arquitectura nos enseña que la construcción no es solo técnica, sino también simbólica. Cada elevación, cada plataforma, cada montículo habla de la intención de quienes edificaron: de la búsqueda de orden, de la necesidad de comunicar poder y de la voluntad de relacionarse con el mundo de manera consciente y significativa. Comprender estos elementos nos permite apreciar cómo la arquitectura organiza el espacio y, al mismo tiempo, refleja los valores, la visión del mundo y la memoria de las sociedades que la crean.


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